Tarde Anónima

¡Adiós!


Suenan las campanas de un lugar cualquiera perdido en el infinito de la tierra.


Fue una tarde anónima, de un día trasparente, en un verano alejado en el vientre del tiempo.


El cielo fue posiblemente azul. Dolorosamente azul. Y el aire caliente que envolvió los árboles y la nada dejó en las almas un regusto de eterna placidez.

Nada se movió, nada existió, todo fue polvo suspendido de un sueño.

Aquello solo pudo haber ocurrido así.

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