Acepta la Dualidad y conviértela en Unidad. Ejercicio de Integración de Partes

¿Sientes la necesidad de ofrecer algo a los demás? ¿Quieres compartir con el mundo tus propias experiencias y aprendizajes? Seguro que sí. Todos los seres humanos sentimos ese impulso de comunicarnos con el resto de personas. Somos seres sociales y seres espirituales. Dentro de nosotros habita una chispa divina que necesita entrar en relación con el resto de seres humanos.

Pero sucede a menudo que cuando queremos conectar con los demás surgen el miedo y los bloqueos. Y este sentimiento de dualidad aparece con mayor intensidad cuando queremos comunicarnos con personas que no conocemos o cuando queremos expresar nuestras emociones y sentimientos. En esos momentos somos más vulnerables.

¿Alguna vez has salido a hablar en público y en ese momento te han entrado ganas de salir corriendo porque los nervios y la inseguridad te atenazaban? ¿Alguna vez has empezado a escribir algo y sentías que te estabas exponiendo demasiado? Quizás estabas hablando de algo que salía directamente de tu corazón sin ningún tipo de armadura de protección. O a lo mejor querías transmitir algo que habías oído o aprendido y al hacerlo temías equivocarte o pensabas que no lo estabas haciendo bien. Sentías ese miedo horrible de ser juzgado y criticado por los demás. Querías expresarte pero al mismo tiempo sentías ese dolor afilado que aparece cuando sientes que no está siendo correspondido con el mismo amor.

En momentos como estos nos sentimos divididos. Desgarrados. Partidos por la mitad. Queremos ambas cosas. Actuar y a la vez seguir en la tranquilidad de la calma. Sentimos un impulso creador irrefrenable y pero no sabemos por dónde empezar.

Estás experimentando en primera persona este mundo dual en el que vivimos. Esa lucha entre nuestra parte lógica y mental cuya misión es la de protegernos para sobrevivir y esa otra parte creativa y soñadora que nos impulsa hacia el cambio y el aprendizaje. La primera se relaciona con nuestra parte izquierda del cerebro. La segunda con el lado derecho. Ambas son necesarias y están ahí para aportarnos las dos visiones que tiene una misma realidad. Unidas constituyen una unidad equilibrada que se tradicionalmente ha sido representada por el símbolo del Tao.

El Tao. Dualidad y unidad

Seguro que conoces esta imagen. Dentro de una misma unidad que es el círculo aparecen dos partes diferenciadas que están en continuo cambio. Son el yin y el yang, el blanco y el negro respectivamente. Ambas se representan con la forma de un pez o de una gota de agua que evoluciona sobre sí misma envolviéndose y transformándose de manera indefinida. El Tao nunca se detiene pero mantiene las cosas en perfecto orden y equilibrio. En el universo todo cambia impulsado por la dualidad pero sin perder la unidad. Por eso dentro de cada opuesto se encuentra, representada con un pequeño círculo, la semilla de la otra parte que irá evolucionando hasta convertirse en su complementario. Así transcurren los ciclos vitales y las estaciones y nuestra tarea es aceptar este hecho y estar en armonía con ello.

El Tao es una sabiduría milenaria aparentemente muy simple. Sin embargo a menudo nos olvidamos de ella y no somos capaces de traducirla a nuestra experiencia diaria. Por eso es muy importante trabajar en la integración de partes para comprender nuestra dualidad y utilizarla a nuestro favor.

Quiero mostrarte un ejercicio sencillo de visualización que te va a ayudar mucho en cualquiera de esos momentos en los que te sientas confundido por una situación o bloqueado por un problema. Se trata de una sencilla herramienta sacada de la PNL (Programación Neurolingüística) que yo he utilizado con muy buenos resultados.

Pero antes déjame que te ponga en contexto con un ejemplo sacado de mi propia experiencia.

Mi propia dualidad con la pintura. Un ejemplo muy común.

Desde siempre una de mis aficiones ha sido la pintura. Pero es algo que he practicado de manera discontinua en diferentes etapas de mi vida. En algunas épocas de manera constante acudiendo a un taller municipal donde encontraba el espacio para poder desplegar mis pinceles y mis colores así como el apoyo adecuado de un profesor y de otros compañeros que de vez en cuando se acercaban a mi lado para impulsarme con su aliento y sus sugerencias. Sin embargo en otros momentos me he sentido desconectado de esta pasión creativa y he dejado de acudir al aula. ¿Por qué me ha sucedido esto? Yo creo que por miedo y por apego a los resultados que estaba consiguiendo. Inconscientemente me sentía insatisfecho con mi trabajo y a partir de ahí comenzaba a boicotearme con argumentos de este tipo. “No lo estás haciendo bien. No estás preparado. No sabes lo suficiente. Nunca llegarás a nada en este mundo de la pintura. Otros lo hacen mucho mejor que tú y a pesar de ello no son capaces de vender su obra”. Digamos que empiezo con este tipo de pensamientos negativos y acabo convenciéndome para quedarme en casa. Así, mi mente racional, de manera paulatina, con un goteo continuo de argumentos, me martiriza por debajo consigue al final su objetivo. “¿Donde vas con el frío que hace?. Pero si está lejos y tienes que caminar más de veinte minutos para llegar allí. Es mejor que te quedes en casa y te dediques a otras cosas más urgentes. ¿Urgentes? Si urgentes como terminar un trabajo pendiente u organizar el escritorio del ordenador. Finalmente la estrategia del rechazo y el miedo al resultado han dado buenos resultados. Me quedo en casa malhumorado y termino al final navegando sin rumbo por internet. Por fin he dejado de sufrir porque ya no tengo que enfrentarme al miedo del lienzo en blanco ni a mis juicios vestidos de evidencias irrefutables.

Sin embargo esa voz inconformista que vive dentro de mí y que me recuerda continuamente “quiero pintar” no ha sido anulada del todo. A lo mejor permanece callada algún tiempo pero basta que un día aparezca delante de mis ojos una imagen que me conmueva, escuche un documental sobre algún maestro de la pintura o me encuentre con alguien que me recuerde que le gustaba verme pintar y que apreciaba lo que hacía para que esa llama se vuelva a animar de manera violenta. De inmediato surge la culpa por haberlo dejado y el dolor por haberme traicionado a mi mismo. Me impulso de nuevo a ponerme en marcha. No puedo seguir así negándome a mi mismo y a mi verdadera esencia. Busco en el armario mis antiguos útiles de pintar: los lápices, los pinceles, los colores. Y al destapar las cajas un olor embriagador a aceites y disolventes alcanza mi cerebro y me llena de emoción, magia y recuerdos. Aparece una sensación de enorme pérdida. Los pinceles están secos y duros. Los tubos de pintura tan pegados que apenas puedo abrir el tapón y en el bloc de trabajo apenas encuentro alguna hoja sin utilizar.

Enseguida pienso ¡Uf esto no va a ser tal fácil como creía! Voy a tener que comprar material y volver de nuevo al taller. Y además había pensado en salir a comprar y en llevar el coche al taller. ¿Por donde empiezo? ¿En que me inspiro? Estoy demasiado oxidado. Además este fin de semana nos vamos de viaje toda la familia. Las excusas vuelven de nuevo por doquier y las obligaciones saltan una detrás de otra como tostadas quemadas fuera del tostador. Quizás sea mejor dejarlo momentáneamente e intentarlo de nuevo la próxima semana

La integración de partes. Un ejercicio sencillo para vencer la dualidad

Como ves aparece de manera continua en nuestras vidas. Esa indecisión. Esa lucha de contrarios que parece querer romperte en dos y llevar cada parte a un lugar diferente. En unos momentos nos sentimos imparables. Creemos que podemos. Nuestro ánimo y nuestra motivación parecen imbatibles. Tan poderosos como para ser capaces de mover una montaña. Tan veloces como para recorrer distancias inmensas sin desfallecer. Sin embargo en otros instantes el bloqueo y el miedo se adueñan de nosotros. Nos abrazan tan fuerte que apenas podemos pensar en otra cosa que no sea huir. Perdemos nuestro equilibrio, nuestra calma y nuestra unidad.

¿Cuál de estas dos partes tiene razón? Seguramente las dos. Ambas nacen dentro de ti aunque parece que vivan tan separadas. El bloqueo y el miedo tienen una lectura positiva. Su misión es protegerte. No quieren que sufras ni te alejes de tu zona de confort. Sin embargo tu imaginación y tu motivación quieren que experimentes, que aprendas, que conozcas cosas nuevas. Quieren sacarte de tu rutinas conocidas y lanzarte fuera de tu zona de confort. Sólo cuando ambas colaboran y se integran es cuando se produce el milagro de tu crecimiento personal.

Para integrar ambas partes te propongo que realices este sencillo ejercicio. Lo único que se requiere es que busques un momento para trabajar tú sólo y que dejes fluir tu imaginación. Sin ataduras ni juicios. Yo lo he realizado y te puedo asegurar que los resultados que se obtienen son sorprendentes.

Extiende una de las palmas de tu mano. Coloca sobre ella un objeto, un sonido, una voz, un color, algo que represente la MOTIVACIÓN que sientes para llevar a cabo lo que te propones. Escoge lo primero que se te ocurra. No lo pienses demasiado y déjate sorprender. ¿Qué es? Visualízalo con el mayor grado de detalle posible. ¿Cómo es? ¿Qué color tiene? Describe su olor, su sabor, el entorno en el que ha aparecido. No te justifiques. Solamente describe lo que ves de manera espontánea. No olvides que es un juego y que no se puede hacer mal.

Ahora extiende la otra palma de la mano. Sobre ella vas a colocar otro objeto, otro sonido u otro color y éste va a representar el MIEDO que sientes cuando decides hacer algo que te apasiona. De nuevo permítete jugar y sé todo lo prolífico que puedas a la hora de describirlo. Detente en los olores, los sabores y los colores. Trata de visualizar esa imagen con la mayor intensidad posible. Tu alma, tu parte inconsciente, se nutre precisamente de esto, de imágenes poderosas. Y además no diferencia si son reales imaginadas. Para ella todo tiene el mismo nivel de verdad

¿Que tal? ¿Como te sientes? Seguro que muy bien porque lo verdaderamente cierto es que te estás permitiendo crear. Te siente feliz porque estás jugando.

Ahora vamos a ir un poco más allá. Vamos a dejar que ambos dialoguen entre ellos. Vamos a permitir que se expresen libremente. Que cada uno te cuente sus verdadera razón de existir. ¿Por qué tu motivación quiere existir? ¿Porqué quiere que seas feliz? ¿Por qué quiere que hagas eso que tanto deseas hacer? Escucha por favor. Y ahora vuelve tu cabeza hacia tu otra palma. Atiende ahora a tu miedo, a tu bloqueo. No desprecies nada de los que te dice. Recuerda que estás jugando. ¿Por qué no quiere que te lances? ¿Para qué quiere protegerte?

Interesante ¿verdad? Después de escuchar a ambos parece que ambos pueden aportar cosas y que ninguno de los dos tiene toda la razón

¿Qué tal si ahora juntas las dos palmas y al hacerlo fundes ambos objetos en uno solo. De nuevo hazlo sin pensar demasiado y sin juzgarte. Escoje el primero que venga a tu mente. Tu inconsciente sabrá porqué lo has elegido. Y de nuevo empieza a describirlo con el mayor lujo de detalles posible.. Su aroma, su color, su textura, su sonido, el paisaje en el que ha aparecido. Ese objeto se ha convertido en la síntesis de tu motivación y de tu miedo. Y participa de las razones de las razones de cada uno de ellos. De esta manera la dualidad se ha convertido en unidad. La discrepancia en acuerdo y la separación en amor. Ha nacido del juego y de la imaginación y por tanto posee poderes extraordinarios. Adóptalo como un talisman que te servirá para caminar hacia tu propósito.

El globo rosa que se elevó hasta perderse

Ahora me gustaría compartir contigo cuales fueron mis descubrimientos al hacer este este ejercicio hace unos días.

Al extender la mano para encontrar ese objeto que representaba mi motivación apareció un coche deportivo veloz que está aquí para ganar una carrera. Al principio lo vi muy cerca. Era de color rojo brillante y metalizado. Solo veía su parte delantera: la puerta del conductor, el espejo retrovisor reluciente, la rueda de adelante, con sus llantas plateadas, girando a una enorme velocidad y refulgiendo como un enorme disco plateado y el faro delantero proyectándose como una flecha hacia adelante. Dentro iba yo, el conductor, subido en ese pura sangre que me transportaba a toda velocidad. Tomé una perspectiva más amplia y lo vi rodar por la inmensa carretera que atravesaba la llanura dejando una enorme polvareda detrás. Era pura fuerza y determinación. Me sentía libre conduciendo dentro de él. Aunque en algunos momentos me venía a la mente la posibilidad de perder el control de la máquina y salirme de la carretera. Pensaba: ¿Qué pasaría si ahora encontrara una curva? ¿Cómo reaccionaría? ¿Sería lo suficientemente flexible? ¿Podría frenar y cambiar de marchas a tiempo para girar con seguridad? Sin embargo mi entusiasmo era más fuerte.

Al extender la otra palma de la mano y colocar encima de ella mi miedo apareció en seguida un espacio oscuro. Y de esa cortina negra brotó de inmediato una luz que salía del interior de una calabaza de Halloween. Era una luz amarillenta que se recortaba detrás de la forma angulosa de sus ojos, su nariz y su boca. Tenía un sombrerete colocado en la parte de arriba de su cabeza. Era aplastada, de color naranja pálido y cerúleo y tenía esas vetas redondeadas características de una verdadera calabaza. En la boca, entre dos dientes imaginarios, sostenía un puro medio caído a lo Groucho Marx que se movía al ritmo de sus palabras y sus risotadas. Al principio parecía una figura espectral y malvada. Tenía la mirada turbia e incandescente. Hablaba con voz profunda, ronca y yo la miraba con cierto respeto y temor. Sin embargo, después también reconocí en ella su espíritu sarcástico y socarrón que me resultaba mucho más familiar. Dudaba entre el miedo y el enfado de que se estuviera burlando de mí.

El coche habló y dijo que era un verdadero titan de la carretera. Una maquina perfecta creada para rodar y rodar sin detenerse. Un meteorito de cuatro rudas que me llevaría fácilmente hasta mi destino que no era otro que el de dedicarme a mi propia creatividad y ofrecérsela a los demás. Y al oír esto la calabaza río estruendosamente mofándose. Pero ¿quién te crees que eres? Mírate bien. No eres más que un juguete como los demás amontonado en una caja junto a cientos de cachivaches y muñecos. Tienes que ser realista y sensato. Nada de esto es real. Los niños vendrán, jugarán un rato con nosotros y después nos dejarán de nuevo guardados en la oscuridad de la caja y del trastero. Sin embargo el coche no se desanimó y enseguida le replicó diciendo: Ven súbete y siéntate aquí a mi lado. Te llevaré a toda velocidad a través de esa carretera que atraviesa el paisaje. Abróchate el cinturón y descubrirás lo que es jugar y divertirse. Verás l y yo te descubriré como esto que te propongo es real. Tan real como que ahora mismo estoy cabalgando hacia mi sueño.

Junte las dos manos y fundí ambos objetos, el coche de carrera y la calabaza misteriosa. Y al hacerlo apareció un sencillo globo de feria de color rosáceo del que colgaba un hilo atado en la parte de abajo. No pesaba nada y sabía que en cualquier momento, si lo dejaba escapar saldría elevado hacia arriba sin dirección establecida manejado por la brisa que lo transportaba suavemente. Ambos objetos, el coche y la calabaza, que representaban mi motivación y mi sombra se habían convertido en algo tan liviano y despreocupado como un globo que se deja llevar sin apego ni resistencia, etéreo y espiritual, que se perdió de vista rápidamente en la profundidad del espacio sin fin.

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