Mejorar tu Autoestima es algo que se aprende y se practica.

Cada uno de nosotros tiene un concepto propio diferente. Hay personas que se sienten seguras de si mismas y que parecen estar tocadas por la determinación, el éxito y la admiración de los demás. Sin embargo otras muchas tienen problemas para aceptarse tal y cómo son.

Muchas veces nos sentimos inseguros a la hora de emprender cualquier actividad que realizamos en nuestra vida. Juzgamos nuestros resultados de antemano diciendo que no son buenos o simplemente nos gustaría hacerlo de una manera diferente. Empezamos algo con mucha ilusión pero cuando lo estamos haciendo nos desanimamos y posiblemente lo apartamos a un lado para más tarde o otro momento. Los días pasan y no lo volvemos a retomar. El proyecto queda ahí abandonado provocándonos culpa y frustración.

Nuestra forma de pensar o lo que es lo mismo, nuestras creencias, provienen de nuestra experiencia y de nuestros aprendizajes. Muchas de estas creencias se forman en nuestra infancia que es cuando más permeables somos a aprender y a descubrir cosas nuevas. Las interiorizamos de forma natural, sin cuestionarnos nada más. Miramos a nuestro alrededor, vemos a nuestros padres, a nuestros maestros, a nuestros amigos actuar y expresarse y nosotros les imitamos de manera natural. Creemos que está bien porque ellos también lo hacen así y nosotros que les amamos y confiamos en ellos no queremos hacer lo contrario.

Estas conductas aprendidas quedan almacenadas en nuestra parte inconsciente del cerebro y acudimos allí a buscarlas cada vez que necesitamos una respuesta a una situación que se presenta en nuestra vida. Nuestras creencias son como una enorme biblioteca central repleta de aprendizajes y emociones. Un ejemplo habitual es el de conducir un coche. Una vez que tenemos memorizadas todas las pautas de comportamiento las aplicamos de manera inconsciente sin plantearnos si lo estamos haciendo bien o mal. Simplemente lo hacemos y ya está. Y es mejor así porque si nos parásemos a pensar todo lo que hacemos día a día apenas podríamos ponernos en marcha porque para que trabaje el cerebro consciente hace falta invertir mucha energía y mucho tiempo. O si no qué nos pregunten a cualquiera de nosotros el trabajo que nos lleva aprender a hacer algo por primera vez.

Muchas de estas creencias que hemos ido aprendiendo y que nos ayudan a desenvolvernos en la vida no nos producen ningún dolor. Son positivas porque nos permiten actuar de manera eficiente. Pero qué sucede si esos aprendizajes nos hacen daño o nos limitan. Entonces tenemos un problema que es necesario resolver. Tenemos que desaprender esas pautas de comportamiento ese sufrimiento que nos provoca una situación repetida.

Algo pasa. Algo no va bien. Quiero actuar pero no puedo. Por ejemplo quiero expresar mi opinión delante de un grupo de personas pero no me atrevo. No me siento merecedor de poder aportar algo. Me juzgo porque pienso que mi opinión no es adecuada o que los demás se van a mofar de mí. En estos momentos ya no somos capaces de arrancar el coche, ni de meter la marcha, ni siquiera de abrocharnos el cinturón. Estamos atrapados por una creencia que nos limita, nos genera miedo y nos impide decidir y actuar.

En estas situaciones lo normal es que nos justifiquemos y tratemos de arreglarlo con una excusa. Algo así como “Es que a mi se me da mal hablar en público”. Así evitamos el sufrimiento de no ser capaces de asumir el reto. Todo ocurre muy rápidamente sin que nos dé tiempo a procesarlo de forma consciente. Es un patrón aprendido que salta de forma inmediata cuando nuestro cerebro detecta que hay peligro a nuestro alrededor. Resuelto el conflicto y espantado el sufrimiento nos quedamos tranquilos. Pero esa situación volverá a aparecer y nosotros volveremos a encontrarnos de nuevo con ese mismo dolor.

Si nos conformamos y no actuamos nunca seremos capaces de salir de esa rueda sin final que nos bloquea pero a su vez nos beneficia porque no mantiene seguros. Cuando decidimos cambiar y experimentar nuevas oportunidades tenemos que aprender a manejar esas creencias limitantes. Primero siendo conscientes de que están ahí. Después mirarlas de frente con honestidad y aceptar el dolor que nos causan. Y finalmente tomar la decisión de sobrepasarlas y actuar para cambiarlas y crecer en autoconocimiento y autoestima.

Las 4 Creencias Raíz

Puede parecer que son muchas las causas que hacen que nos bloqueemos ante una determinada circunstancia y a menudo solemos pensar que nuestros bloqueos son muchos y variados. Y seguramente indefinidos e inconscientes porque a lo largo de un mismo día nos vamos encontrando bloqueados de forma recurrente en diferentes circunstancias. Sin embargo, según el psicólogo y profesor americano Gay Hendricks, todas estas creencias limitantes se pueden agrupar en lo que él denomina “Las 4 Creencias Raíz”. Así aparecen recogidas en su conocido libro El Gran Salto (The Big Leap) Las vamos a repasar de forma breve porque quizás te identifiques con alguna de ellas. O quién sabe, quizás con varias o a lo mejor con todas como es mi caso.

Detrás de una persona con baja autoestima -que es el tema que nos ocupa en este artículo – suelen ocultarse estos miedos raíz que vuelven a nosotros una y otra vez disfrazados de maneras diferentes. Estas creencias limitantes hacen que no nos valoremos, que no nos aceptemos, que no tengamos confianza en nosotros mismos y que no nos atrevamos a actuar. Te animo a que los recuerdes y los hagas conscientes en esos momentos en que te encuentres bloqueado y no sepas por qué.

  • Miedo a ser defectuoso. Es un miedo profundo y existencial que me hace sentirme culpable por el mero hecho de existir. Me siento fuera de lugar, desacoplado con la vida y con mi entorno. Siento que soy imperfecto, defectuoso y que algo no va bien dentro de mí. Siento miedo a fallar y por eso no me permito utilizar mi potencial ni expandir mis talentos.
  • Miedo al abandono. Es el miedo a ser abandonados o rechazado por nuestro clan, nuestra familia, nuestro grupo de amigos, nuestra tribu y en definitiva por nuestra sociedad. Ese miedo surge cuando nos sentimos diferentes a ellos. Cuando pensamos y actuamos de forma autónoma sin seguir las normas y las pautas de pertenencia y buena conducta que normalmente se establecen en una comunidad. Cuando expandimos nuestro potencial en el trabajo o en el amor de manera independiente siendo desleales e infieles a nuestras raíces. Obrar en contra del grupo es siempre muy doloroso y nos puede provocar un miedo irracional a la soledad y el abandono.
  • Miedo a ser una carga para los demás. Sobre todo en relación con mis padres. Si yo me considero una carga para ellos todo aquello que tenga que ver conmigo sea positivo o negativo lo consideraré como algo tabú. Si me siento en apuros o tengo problemas no me atreveré a compartirlos con ellos por miedo a que se preocupen o me culpabilicen. Si tengo éxito no me sentiré merecedor y optaré por ocultarlo para evitar que en la comparación salgan perjudicados. Además el éxito conlleva también más carga y responsabilidad y eso puede provocar que ellos se preocupen o me culpabilicen.
  • Miedo a Brillar. Desde pequeños nos han enseñado que destacar por encima de la media es algo negativo. Por eso asociamos el éxito a ser engreídos, prepotentes y soberbios. Para no molestar a los demás tratamos de pasar desapercibidos, ocultamos nuestros pequeños éxitos y dejamos de compartir nuestros conocimientos para que no nos juzguen.

Una persona con buena autoestima se caracteriza por ser capaz de sobrepasar estas 4 Creencias Raíz. Se valora a si misma, se quiere, se respeta y es honesta consigo misma. Se considera merecedora de lo mejor que la vida le puede dar. Se acepta y acepta a los demás. Sabe pasar a la acción. No tiene miedo a equivocarse porque comprende que en el error está el aprendizaje. Cultiva la confianza y conecta con el presente. Y como sabe todo eso vibra con esa frecuencia de merecimiento que atrae a su vida personas y situaciones que le confirman en ese estado y le empujan hacia adelante. Ya sabemos que en el Universo todo es vibración y que para tener algo primero necesitamos serlo. Justo todo lo contrario de lo que hemos aprendido hasta ahora donde se pretende tener antes que ser. Y al hacerlo así, sin saberlo, hemos vivido en contra de una de las leyes más importantes del universo que es la Ley de la Atracción. Según esta ley atraemos justamente aquello que somos y las mismas circunstancias en las que vibramos. Es decir que si somos positivos no dejaremos de encontrar personas y situaciones positivas a nuestra vida. Y lo contrario también se cumplirá. Por eso para que nuestra autoestima mejore tenemos que dejar de ponerla a prueba con pensamientos y acciones negativas

Y ahora me dirás. Vale hasta aquí todo muy bien. Todo muy bonito. O muy feo. No tengo buena autoestima y cada día me tengo que enfrentar a un sinfín de situaciones que no dejan además de recordármelo. ¿Qué puedo hacer para cambiar? ¿Cómo puedo mejorar?

Para ello necesitas comprometerte contigo mismo y dedicar algo de tiempo para contestarte algunas preguntas incómodas. Porque tal y como ha expresado uno de los referentes mundiales del desarrollo personal, el escritor y orador americano Toni Robbins, “La gente exitosa se hace mejores preguntas“.

7 Claves para mejorar tu Autoestima

Por eso para mejorar tu autoestima, te voy a dar 7 Claves que he aprendido en el Curso de Selfcoaching de Maria Mickhailova y que ta mí me han ayudado mucho a crecer en este aspecto. Te aconsejo que visites su blog por allí vas a encontrar contenido que te va a ayudar e inspirar.

Estas Claves van acompañadas de preguntas poderosas que te ayudarán a descifrar porque tienes una baja autoestima y a catapultarla hacia adelante. Al final la mayoría de nuestros problemas se resuelven indagando en nosotros mismos. Merece la pena hacer este trabajo porque una buena autoestima te va a permitir sanarte, sufrir menos, ser más feliz, sentirte más responsable de ti mismo, expandir tu propia consciencia y alcanzar los objetivos que te propongas en la vida.

Lánzate a seguir estos pasos que te propongo a continuación y no te preocupes porque los buenos resultados están asegurados.

  1. Acéptate. Ten en cuenta que si no te aceptas a ti mismo siempre estarás a merced de los demás. Si sientes que eres una persona que no se acepta a sí mismo te propongo que indagues con las siguientes preguntas: ¿Qué partes de ti rechazas? ¿Qué partes de tu vida no estás dispuesto a aceptar?. Es interesante que separes tus respuestas en estos tres niveles: físico, mental y emocional.
  2. No te compares con los demás. Compararse con otras personas es algo que nos distorsiona mucho a nivel emocional. Tanto si en la comparación sales perjudicado como favorecido. En realidad hacer esto no tiene sentido ya que todos los seres humanos somos únicos y diferentes. Todos procedemos de la misma fuente divina por ello no tiene sentido hablar de defectos o imperfecciones. Utiliza esta idea y busca dentro de ti todas aquellas cosas que te hacen único y diferente. Escríbelas en un papel, tanto las que consideres positivas como negativas.
  3. No busques la aprobación de los demás. Contesta la siguiente pregunta ¿Vives en función de los demás o de ti mismo? Ten en cuenta de que es imposible agradar y caer bien a todo el mundo. Te invito a ser honesto contigo mismo y a actuar de acuerdo con tus valores. Para ello es muy importante aprender a decir no.
  4. Encuentra tiempo para ti. Piensa un instante. ¿Tienes algún momento para ti solo a lo largo del día? Si la respuesta es negativa entonces has dado con una causa importante de tu baja autoestima. Si no te nutres a ti mismo con las cosas que te gustan y te relajan es muy difícil que puedas seguir aportando paz y serenidad a los demás. Vivirás siempre en función de los requerimientos de los otros y eso te hará sentirte triste, vulnerable y cansado. De modo que empieza a abrir un hueco para ti en esa apretada agenda.
  5. Aprende a perdonarte. Una de las claves de una autoestima sana es aprender a perdonarse a sí mismo. La culpa es siempre un síntoma de una autoestima baja. Normalmente nos culpamos y nos justificamos porque buscamos el amor y el afecto de los demás. Prueba a abandonar esa actitud Perdónate y encontrarás la paz y la armonía al instante. Te propongo hacer este ejercicio. Escribe una Carta de Amor a Tí Mismo. Se trata de todo un desafío porque no estamos acostumbrados a decirnos cosas bonitas.
  6. Practica la consciencia verbal. Se consciente de tus pensamientos. No de todos por supuesto. Sería imposible ya que a los largo de un día tenemos unos cuantos miles -aunque lo cierto es que el 95% de ellos siempre se repiten. Te recomiendo que pongas dos o tres alarmas en tu móvil en momentos del día aleatorios. Nuestra intención es atrapar in fraganti algunos de esos pensamientos malvados justo cuando se producen para desactivarlos
  7. Hazte responsable de tu vida. Para tener una autoestima sana te tienes que responsabilizar de ti mismo, de tu vida y de tus decisiones. Deja de quejarte y de echar las culpas a los demás por las cosas que te pasan. ¿Que puedes hacer hoy para ser la persona que se responsabiliza de su camino? Haz una pequeña lista con 5 ideas, escoje 1 o 2 y comprometete a ponerlos en práctica.

El trabajo de la Autoestima es uno de los más retadores a los que podemos enfrentarnos. Requiere esfuerzo, disciplina y compromiso con uno mismo. Pero también es uno de los que mayor recompensa podemos encontrar ya que nos va a permitir sobrepasar todas esas creencias limitantes que se esconden en nuestro inconsciente y que tanto sufrimiento nos provocan sin saber muchas veces explicarnos por qué.

Si te animas a hacerte todas estas preguntas poderosas que te propongo y quieres compartir las respuestas conmigo estaré encantado de escucharlas. Hasta pronto.

Ir arriba