Papel celofan

Me acerqué a tu tumba y me dejé caer sobre ella. Y allí quedé vencido, yerto como una ballena encallada en la playa. Sentí el calor de la piedra sobre mi rostro y la luz del sol que rasgaba mi espalda como un cuchillo. No pude acercarme mas a ti. No supe. Sólo me abracé a la piedra y apreté con ahinco para que tu nombre, escrito en relieve, se quedara grabado en mi pecho. Tan cerca y sin embargo tan lejos. Separados por el hálito de una respiración, por la tenue luz de la memoria. He comprado una rosa a la puerta. La dejo aquí, sobre tu corazón, envuelta en silencio y en papel celofán.
Ir arriba